jueves, 31 de marzo de 2011

Fin y principio

Wislawa Szymborska

Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.

Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.

Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.

Eso de fotogénico tiene poco
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.

A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.

Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.

Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.

Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.

En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.

Ismail Kadaré: El palacio de los sueños

En muchas ocasiones, autores de gran calidad nos pasan totalmente desapercibidos hasta que ocurre algo que hace de caja de resonancia, trayendo su nombre hasta nosotros; una de dos: les dan un premio prestigioso o se mueren. Cuando sucede, salen en todos los medios y al día siguiente en las librerías sus obras están apiladas en un rincón con un cartel que habla de todas sus bondades.

Así me ocurrió con Ismail Kadaré (Gjirokastra, Albania,1936). Afortunadamente no ha muerto, sino que le dieron en 2009 el premio Príncipe de Asturias de las letras; y días después de anunciarse esto me encontré en la librería Cervantes de Oviedo, una mesita con muchos libros esparcidos de títulos sugerentes y atractivos, y por intuición, compré uno, el que más me llamó la atención en aquel momento y apunté otros tantos para leer en el futuro. El libro en cuestión es El palacio de los sueños.

Ismail KadaréAquí entrevista
Ismail Kadaré es seguramente el escritor albanés más conocido. Lo cual no es decir mucho, a decir verdad para la mayoría es no decir nada, empezando por mí, que no conozco ningún otro escritor albanés, de hecho no conocía nada de Albania, que yo sepa, más que su aproximada situación en el mapa, en el agitado mapa de la historia de los Balcanes.


Y así me sumergí en El palacio de los sueños, una novela opresiva, una distopía a la manera de 1984, Fahrenheit 451 o Un Mundo Feliz, por citar a las más conocidas. Transcurre en un mundo gris, en Tirana (la capital de Albania), entremezclando la realidad de la opresión del dictador Enver Hoxha, que mantuvo al país prácticamente aislado del mundo (desligándose incluso de sus primerizos “aliados” Yugoslavia, la Unión Soviética o China) desde 1954 hasta su muerte en 1985, y con la incertidumbre de un estado comunista ferozmente burocrático.

Al Tabir Saray o palacio de los sueños llegan todos los sueños de los súbditos del Imperio: viajeros y correos se encargan de viajar y recorrer los sitios más lejanos del territorio para que absolutamente ninguno se quede por estudiar y afloren en ellos cualquier síntoma de disensión y ruptura. Los sueños son catalogados por peligrosidad y los enigmas que plantean son estudiados por los investigadores del Palacio. El protagonista de la historia, Mark-Alem, que pertenece a la poderosa familia de los Qyprilli de Albania, dentro de un ficticio imperio otomano que albergaría 40 países, entra a formar parte, tras un largo periodo para conseguir el ingreso, de los trabajadores del Palacio, y lentamente va ascendiendo en la jerarquía. En el predomina siempre un clima de tensión, de incertidumbre, de miedo a las altas esferas, una sensación de verse espiado, de no poder confiar en nada…de no poder, ni “soñar libremente”, el símbolo de la dominación total sobre los súbditos del Imperio.

Estatua de Skaderbeg, héroe nacional de Albania
La novela es evidentemente una distopía ficticia, pero uno, que desconoce los detalles pero sabe a grandes rasgos de las características del estalinismo (y sus derivados y homónimos), intuye que aquello que siente el protagonista y personajes de la novela, no debe de ser muy distinto a lo que sentía Kadaré y sus paisanos, atrapados entre la historia de los Balcanes y el Telón de Acero.


Le tengo un cariño especial a este libro, es el primero que leí de Kadaré, y sin ser mi libro favorito ni mi escritor favorito, es el único de todos los que tengo, firmado y dedicado por su autor, ya que pude verlo cuando vino a recoger el premio, en la charla-coloquio que ofreció el día antes, en la Facultad de Filología de Oviedo.

Fragmentos

...y están allá arriba en el cielo, estrellas ante las cuales me arrodillo en las tristes y calladas vigilias de mi noche; mientras hasta en el meridiano fulgor del día las sigo viendo: ¡Dos venus que centellean dulcemente, sin que el sol las extinga!. Edgar Allan Poe

miércoles, 30 de marzo de 2011

Norman Mailer: Los tipos duros no bailan

"¿Será la niebla? ¿Serán las hojas muertas? ¿Serán los difuntos? ¿Serán los atardeceres de noviembre?" James Elroy Flecker.

"Hay errores tan monstruosos que no es posible arrepentirse de ellos…" Edwin Arlington Robinson


Norman Mailer (New Jersey, 1923 - Nueva York, 2007) fue ganador en dos ocasiones del Premio Pulitzer por Los ejércitos de la noche (1968) y por La canción del verdugo (1979), con un estilo entre novelesco y periodístico que le valió a menudo la comparación  con su coetáneo: Truman Capote.

Los tipos duros no bailan (1984), es una novela, por lo que he leído por ahí, que fue acogida negativamente tanto por sus seguidores como por la crítica considerándola como una obra menor. Desconozco (por el momento) como son, por lo tanto, sus obras reputadas, pero a mi esta me ha enganchando y encantado. Con tintes de novela negra y un estilo muy propio de los escritores americanos en los ochenta. La presentación de la violencia extrema de los Estados Unidos de la época, con ese halo de horror que le confiere que se desarrolle en un pequeño pueblo de la costa este, en pleno invierno, con sus personajes adyectos , entre los que se cuentan ex maridos y ex mujeres celosos/as, un agresivo policía del lugar, los fantasmas del pasado, y a nuestro tipo, el protagonista: Tim Madden, un escritor de poca monta y fracasado, al que su mujer ha abandonado, hecho del que cuenta los días (veinticuatro al comenzar la historia) en parte porque desde entonces no ha escrito ni una sola línea pero sobre todo porque empieza a darse cuenta del profundo dolor que eso le está causando…y todo lo que de ello se acabará derivando, en definitiva este es el argumento, que no sé si os dirá mucho del estilo con que está escrita. A mi me ha parecido un cruce exacto (en las sensaciones que me ha dado al leerla) de la literatura de Bret Easton Ellis (déjà vu de las sensaciones que tuve al leer Lunar Park) y el cine de David Lynch. A los que haya gustado algo de ambos os gustará mucho, y a los que no…pues también.

«Esta brillante novela, tenebrosa y de fuerza sorprendente, narra la historia de Tim Madden, escritor fracasado adicto al bourbon, los cigarrillos y las rubias casquivanas y adineradas en el escenario de arbustos y dunas de Provincetown, cargado de la crudeza y melancolía de la población fuera de temporada. Cuando se cumplen 24 días del abandono de su esposa, Tim Madden amanece con resaca, una acentuada excitación sexual y un nombre del pasado tatuado en rojo en el brazo. Apenas recuerda nada de la noche anterior. De pronto descubre que el asiento del acompañante de su Porsche está empapado de sangre y que, en un bosquecillo cercano, en un rincón semioculto de su escondrijo de marihuana, hay una cabeza rubia cercenada por el cuello.¿Será Madden un asesino? La narración se centra en la violencia física, sexual y emocional mientras asistimos a los esfuerzos de Madden por reconstruir aquella espantosa noche. A raíz de la investigación, se perfilará retratada con fuerza una galería de personajes estrafalarios: ex boxeadores profesionales, adictos al sexo, médiums, timadores, policías, una antigua novia desencantada y el mismísimo padre de Madden, baluarte de la más estricta moral. En esta novela, un Normal Mailer en su mejor momento emprende una búsqueda implacable entre los recovecos y virtudes ocultas del americano moderno: rara vez se han explorado tan a fondo las paradojas del machismo y la homosexualidad.»

Nota: El propio Norman Mailer dirigió la adaptación al cine un par de años después de que saliera la novela

“Yo solía decir que es más fácil renunciar al amor de tu vida que dejar de fumar, y lo cierto es que estaba convencido de la verdad de esta afirmación. Pero un buen día del mes pasado, hacía de eso veinticuatro días, mi mujer me dejó. Hacía veinticuatro días. Y aprendí algo más acerca de lo que es estar dominado por un vicio. Tal vez seas más fácil renunciar al amor que al humo, pero cuando se trata de decir adiós a una relación de amor-odio, diantre, que se acabe tu matrimonio puede ser tan duro como dejar la nicotina, e incluso provoca una sensación muy semejante, porque puedo asegurar que al cabo de doce años había llegado a odiar el tabaco casi tanto como a una esposa amargada”



jueves, 24 de marzo de 2011

Michael Ende: Momo

"Momo escuchaba a todos: a perros y gatos, a grillos y ranas, incluso a la lluvia y al viento de los árboles. Y todos le hablaban en su propia lengua.
Algunas noches, cuando ya se habían ido a sus casas todos sus amigos, se quedaba sola en el gran círculo de piedra del viejo teatro sobre el que se alzaba la gran cúpula estrellada del cielo y escuchaba el enorme silencio. Entonces le parecía que estaba en el centro de una gran oreja, que escuchaba el universo de estrellas. Y también que oía una música callada, pero aun así muy impresionante, que le llegaba muy adentro, al alma.”
 

El Momo en Santiago
Los libros infantiles son (creo) los que más sensaciones distintas nos muestran, porque casi siempre llevan intrínsecos los recuerdos asociados al momento de su lectura, la mayor parte de las veces: la infancia…o si se descubren siendo mayor: la sensación de vuelta a la infancia. Este es el caso de Momo para mí, lo leí siendo ya mayorcito y casi por casualidad, pero el efecto fue el mismo, si cabe, mayor…y recuerdo perfectamente el momento y las imágenes asociadas. Fue el primero de muchos libros que compré en la librería Follas Vellas de Santiago de Compostela, un compañero de la facultad me lo recomendó en primer año allí, curiosamente hablando de un pub con ese nombre y decorado con imágenes del libro. Así fue como lo busqué en las estanterías de esa librería que huele a libros, a historias, a lugar fuera del tiempo. El libro tenía ese color amarillento que les da el paso del tiempo y su precio (en pesetas) escrito a lápiz en la primera página…me lo llevé y recuerdo que lo abrí y comencé a leerlo en una cafetería en la que me había metido para resguardarme de un chaparrón (sucede cuando eres del norte pero nunca llevas paraguas). Y así conocí a la pequeña Momo, al viejo Beppo el barrendero, al inventor de historias Girolamo, a la tortuga Casiopea que habla con mensajes en su caparazón, y a los inefables hombres grises (con bombín) que se fuman el tiempo de los humanos apresurados.

Beppo

“Ves, Momo, a veces tienes ante ti una calle que te parece terriblemente larga que nunca podrás terminar de barrer. Entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle sigue igual de larga. Y te esfuerzas más aún, empiezas a tener miedo, al final te has quedado sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer. Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Entonces es divertido: eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser. De repente se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta de cómo ha sido, y no se queda sin aliento. Eso es importante.”

Y así recuerdo ese libro, entre lluvia, en un otoño que ya me queda lejos y que se está volviendo tan amarillo como las páginas de aquel viejo libro…rescatado de aquella vieja librería…de vellas follas…Follas Vellas.

Momo o la extraña historia de los ladrones del tiempo y de la niña que devolvió el tiempo a los hombres

Michel Houellebecq: Ampliación del campo de batalla

“Desde hace unos años camino junto a un fantasma que se me parece y que vive en un paraíso teórico, en estrecha relación con el mundo. Durante mucho tiempo he creído que tenía que reunirme con él. Ya no”.

La primera novela de Michel Houellebecq,  Ampliación del campo de batalla apareció en Francia a mediados de los noventa (1994 concretando) con un título que en principio, como sucede casi siempre, no mostraba demasiado o podía inducir a error. Publicada en principio a pequeña escala, bajo el inicial silencio de la crítica, la novela se fue convirtiendo en un libro de culto, obtuvo premios, incrementó sus lectores y Houellebecq, se vio convertido sin más en uno de los portavoces narrativos de su generación, que consolidaría más adelante con otras novelas de la talla de Las partículas elementales

He aquí una novela narrada y protagonizada por un antihéroe, pero no al uso del que nos suelen vender, no se trata del antihéroe que sin quererlo se convierte en héroe. En ningún momento nos vemos inmersos en situaciones increíbles, historias sórdidas (esto último tal vez en cierto modo) ni grandilocuencia de ningún tipo.

El narrador de Ampliación del campo de batalla es un tipo normal de nuestra época, un ingeniero informático de 30 años, hastiado por su trabajo, que debe vender a sus posibles clientes las delicias de las nuevas tecnologías…un tipo que ha dejado de luchar, que espía apenas a sus congéneres, que se desliza hacia la depresión; lleva dos años de castidad, se refiere a «las mujeres que me abrían sus órganos» con tanta repugnancia como cuando habla de las egoístas psicoanalizadas... Con la precisión de una autopsia, describe el campo de batalla de la sociedad actual, la sociedad neoliberal, con sus perdedores en el ámbito económico y sexual: la ampliación del campo de batalla a todas las edades de la vida, a todas las clases sociales.

"Definitivamente, me decía, no hay duda de que en nuestra sociedad el sexo representa un segundo sistema de diferenciación, con completa independencia del dinero; y se comporta como un sistema de diferenciación tan implacable, al menos, como éste. Por otra parte, los efectos de ambos sistemas son estrictamente equivalentes. Igual que el liberalismo económico desenfrenado, y por motivos análogos, el liberalismo sexual produce fenómenos de empobrecimiento absoluto. Algunos hacen el amor todos los días; otros cinco o seis veces en su vida, o nunca. Algunos hacen el amor con docenas de mujeres; otros con ninguna. Es lo que se llama la "ley del mercado". En un sistema económico que prohíbe el despido libre, cada cual consigue, más o menos, encontrar su hueco. En un sistema sexual que prohíbe el adulterio, cada cual se las arregla, más o menos, para encontrar su compañero de cama. En un sistema económico perfectamente liberal, algunos acumulan considerables fortunas; otros se hunden en el paro y la miseria. En un sistema sexual perfectamente liberal, algunos tienen una vida erótica variada y excitante; otros se ven reducidos a la masturbación y a la soledad. El liberalismo económico es la ampliación del campo de batalla, su extensión a todas las edades de la vida y a todas las clases de la sociedad. A nivel económico, Raphaël Tisserand está en el campo de los vencedores; a nivel sexual, en el de los vencidos. Algunos ganan en ambos tableros; otros pierden en los dos. Las empresas se pelean por algunos jóvenes diplomados; las mujeres se pelean por algunos jóvenes; los hombres se pelean por algunas jóvenes; hay mucha confusión, mucha agitación."

Pero que nadie se equivoque, este es un libro entretenido, divertido, incluso optimista (paradójicamente). No cuenta ninguna historia, no hay un principio y un fin demasiado definidos, sino un desarrollo, no hay meta sino camino. Es simplemente una fotografía de un momento concreto… en definitiva, una guerra sin tregua, sin trincheras, donde la batalla se libra en todos los ámbitos y acciones posibles de la vida, en la que cada persona es un individuo perdido en un fuego cruzado y todos los demás son ejércitos completos…una batalla perdida de antemano, ante la que no por ello dejamos de luchar hasta el final…C’est la vie.

Contra-orden (Poética por la que me pronuncio ciertos días)

Ángel González en el Campo de San Francisco (Oviedo)
Esto es un poema.

Aquí está permitido
fijar carteles,
tirar escombros, hacer aguas
y escribir frases como:

Marica el que lo lea,
Amo a Irma,
Muera el… (silencio),
Arena gratis,
Asesinos,
Etcétera.

Esto es un poema.
Mantén sucia la estrofa.
Escupe dentro.

Responsable la tarde que no acaba,
el tedio de este día,
la indeformable estolidez del tiempo.


miércoles, 23 de marzo de 2011

Cita del día

"Lo que me interesa no es la felicidad de todos los hombres sino la de cada uno de ellos" Boris Vian

martes, 22 de marzo de 2011

Luigi Pirandello: El difunto Matías Pascal

Luigi Pirandello (Sicilia 1867- Roma 1936). Dramaturgo, novelista y escritor de relatos, fue uno de los escritores italianos más influyentes de finales del siglo XIX y principios del XX. Alcanzando su fama mundial en 1921 con el estreno de la que se convirtió en su obra más emblemática, Seis personajes en busca de autor (que ya ha sido citada de paso en este blog) aunque para entonces ya había escrito Así es (si así os parece), El placer de ser honrado, Enrique IV, Esta noche se improvisa, Los gigantes de la montaña, El hombre de la flor en la boca y El hombre, la bestia y la virtud, así como las novelas: La excluida y la que es motivo de esta reseña: El difunto Matías Pascal. Así mismo en 1934 fue galardonado con el Nobel de Literatura «por su reactivación audaz e ingeniosa del arte dramático y escénico».

“Hubo un tiempo en que una de las pocas cosas, quizá la única, que yo supiera de cierto era ésta: que me llamaba Matías Pascal. Y de ello me aprovechaba. Siempre que algún amigo o conocido mío daba muestras de haber perdido el bien de la inteligencia, hasta el punto de venir a pedirme consejo o indicación alguna, me encogía de hombros, entornaba los ojos y respondía:
—Yo me llamo Matías Pascal.

—Gracias, querido amigo; pero ya lo sabía.

— ¿Y te parece poco?”


Publicada en 1904, El difunto Matías Pascal supuso un cambio en la narración costumbrista de la época y centrando el relato fundamentalmente en el estudio psicológico del personaje.

Un día Matías Pascal se va a Montecarlo huyendo de sus circunstancias: una suegra que lo martiriza, un matrimonio de compromiso, deudas crecientes y un trabajo que no le satisface. De repente ocurrirá un extraordinario y fortuito suceso que le dará la oportunidad de liberarse, de emprender una nueva vida fuera de la sociedad, sin ataduras morales, familiares, legales, cambiando incluso su fortuna.

Convertido en un viajero mundano, acaba por darse cuenta de que su inexistencia a efectos administrativos acaba por convertirlo en un fantasma. Los envites del destino ¿Provocado o azaroso? Zarandean la vida de Matías Pascal, marcan los límites de su libertad y le hacen tomar conciencia de ella (o de su ausencia), de la vida que uno lleva dentro de la sociedad y de la posibilidad/imposibilidad de vivir fuera de ella.
Se nos muestra tanto una hilarante farsa como una reflexión sobre la soledad de un hombre que se quita todas las máscaras para ser verdaderamente él, pero a su vez con ello se despoja de su identidad, de su pasado…comienza desde cero.

En definitiva una tragicomedia, que se inclina más por el humor y la ironía en unos momentos y por el verdadero drama en otros. También y a su vez la narración y los sucesos que van desencadenando la historia (y que no debo desvelar) mantienen una tensión y un tono que le dan por momentos un toque casi detectivesco.



“En el cementerio de Miragno, sobre el sepulcro de aquel pobre desconocido que se ahogó en La Cabaña, puede leerse todavía la lápida redactada por Alondrilla:
victima de adversos hados,
Matías Pascal,
bibliotecario,
corazón generoso, alma franca,
aquí, voluntariamente,
reposa
la piedad de sus paisanos
coloco aquí esta lápida
Yo he puesto allí la corona de flores prometida, y de cuando en cuando, voy allá, a verme muerto y enterrado. Algún curioso me sigue de lejos; y luego, a la vuelta, se me acerca, sonríe, y considerando mi condición actual, me pregunta:
—Pero, ¡hombre!, ¿se puede saber, en resumidas cuentas, quién es usted?
Yo me encojo de hombros, entorno los ojos, y contesto:
— ¡Hombre! ¿Quién quiere usted que sea?... ¡Pues el difunto Matías Pascal!”

Mary Shelley: Frankenstein o el moderno Prometeo

"¡Despiadado creador! Me has dado sentimientos y pasiones, pero me has abandonado al desprecio y al asco de la humanidad." 


Hay historias y personajes que han trascendido a sus autores, que todo el mundo conoce por unas u otras fuentes pero que no siempre la gente asocia a sus creadores, incluso aunque estos hayan sido escritores de renombre. Así ocurre con el Dr. Jeckyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson, el Peter Pan de J.M. Barrie, El Fantasma de la Ópera (llamado Erik) de Gaston Leroux y así un largo etcétera.

“Satán tuvo compañeros, diablos como él, que lo admiraban y alentaban. Yo, por mi parte, estoy solitario y odiado."

Personajes que el cine ha convertido en cultura popular y que han sido tantas veces representados que en muchas ocasiones ya ni sabemos de su origen. Así ocurrió especialmente con dos de los personajes más ilustres del cine de terror, por una parte el Drácula creado por Bram Stoker, que hasta su recuperación de mano de Francis Ford Coppola, gozó de una personalidad mucho menos noble de lo que la novela (y el propio Coppola) destacan, ya que la mayoría de las veces, el conde no era más que un montón de mordiscos y alaridos que poco representaban al temido príncipe de Valaquia (hoy en día sur de Rumanía) Vlad Tepes “El empalador”…pero me ceñiré a la que me ocupa.

"Aunque sea sólo un cúmulo de infelicidad, la vida me es querida y la defenderé."

Un curioso caso que va todavía más allá es Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley, una obra con tanta historia que en ocasiones ha acabado por reinterpretarse de diversas formas, casi siempre acercándose más al terror que a la filosofía con tintes góticos y del misterio más primario. Desde 1910 ha sido llevado al cine en todas las décadas; entre los 50 y los 70 alcanzó su mayor popularidad, llegando a rodarse en un mismo año, más de siete u ocho películas sobre el personaje.



El caso es que ha llegado incluso a bautizarse a ese monstruo con el nombre de su creador, centrando la atención en el “monstruo Frankenstein” en vez de en el Doctor Victor Frankenstein, que es en verdad el moderno Prometeo; aquel que osó robar el fuego de los dioses para entregárselo a los hombres. O la otra representación habitual de Prometeo como Titán escultor, que moldea al ser humano con arcilla.
En todo caso, dos visiones de progreso científico, de creación poderosa, desoyendo las leyes de la naturaleza; he aquí el eje de la novela: la creación/destrucción de la vida, bajo una dudosa y compleja moral científica.

"Tú, que me acusas de asesino, serías capaz de destruir a la criatura que es tu propia obra. ¡Alabada sea la eterna justicia del hombre!"


Como castigo este nuevo Prometeo, Víctor Frankenstein, no será castigado por ningún dios vengativo, sino por su propia creación, que tiene tintes demoníacos, una suerte de Satanás extraído de El paraíso perdido de Milton y que encarna las cuestionadas maldades del progreso de la época: la temprana fase de la Revolución Industrial.

“La oscuridad no provocaba ningún trastorno en mi imaginación y un cementerio no era a mis ojos más que el reducto donde reposaban los cuerpos privados de vida, que tras haber poseído fuerza y belleza, eran ya pasto de los gusanos”

No obstante, otras muchas interpretaciones y teorías son posibles, en esta obra nacida durante el verano de 1816, un año en el que esta estación apenas se dejó ver, en aquel largo y frío “invierno volcánico”. Urdida como un reto propuesto por Lord Byron y que emergió de una pesadilla que la propia Mary Shelley tuvo días después de la propuesta…una pesadilla tan terrible como magnifica y que por suerte nos dejó como legado.

"Si todos odian a los miserables, ¿cómo no han de odiarme entonces a mí, que soy el más miserable de los seres humanos?"